Capítulo 2: el comienzo del comienzo

Felipe Ramírez Castellanos

Y estaba creciendo.

La gente continuaba pasando a su lado sin advertirle y Watson se estaba dedicando ahora a husmear un caniche faldero de una de las mujeres que paseaban. Cabreado, Cley se acercó a él, lo engancho del pellejo y se lo puso en el bolsillo del abrigo para poder llegar al parque.

Aquel lugar era lo único que le podía permitirse desvanecerse del mundo actual. Era su salvación. Era su meditación, era…el principio.

Era por la mañana, se levantó de un salto de la cama, increíblemente feliz, con los ojos aún caídos pero con una sonrisa en la cara. Se fue al wáter, se lavó la cara y se fue al salón. Como de costumbre allí estaba Watson en la alfombra, soñando probablemente porque no paraba de mover las patas como si corriera en el sitio. Se acercó a él, y con suavidad le empezó a acariciar el lomo susurrándole su nombre. El pequeño hurón cesó en su carrera imaginaria y se levantó lamiendo a su amo.

Una vez alimentado el hurón, se fue a la cocina, el pequeño, igualmente, le siguió con pequeñas zancadas y tan pancho como siempre mirándole hacia arriba con sus enormes ojos de cachorrito. Él, igual que al hurón, se preparó su propio desayuno y se sentó a la mesa de la cocina dispuesto a comérselo. Pero no pudo.

Se había preparado un par de tostadas y una taza de té, los había puesto encima de la mesa.

Cogió del cajón de la mesa de la cocina un cuchillo, una cucharilla, y un tenedor, este último más por costumbre que por necesidad. Después abrió el frigorífico y sacó la mantequilla, ‘’imprescindible para cualquier comida como bien dijo Julia Child’’ pensó, y la mermelada de melocotón.

Finalmente tras tanta preparación consiguió sentarse a la mesa, Watson se había sentado frente a su desayuno y le miraba fijamente con la cabeza ladeada, como si viera algo extraño en él, ahora la ladeaba para el otro lado, y para el otro, y para el otro, parecía que estuviera siguiendo una especie de espiral. El caso es que a Cley esto le hizo más bien gracia y lo ignoró poniéndose finalmente a desayunar.

Cogió el cuchillo y empezó a untarse la mantequilla en la tostada, esta tarea resultó más bien difícil porque Watson no paraba de intentar pillar el cuchillo con la mano para jugar y Clye tenía que esquivarlo continuamente.

Una vez conseguido untar la mantequilla cogió la cuchara, la introdujo en el bote de mantequilla, la llenó, la levantó y cuando iba a echarla con un movimiento brusco de muñeca en la tostada, esta no llegó a tocar la tostada. Impresionados ambos, se quedaron mirando fijamente a la bola de mantequilla flotante sobre las tostadas.

Ambos quedaron totalmente sorprendidos, Cley lo empujó con la cuchara y este se movió como si no hubiera gravedad, Watson en cambio, le lanzó hacia él de un salto, se lo tragó y acabo en el regazo de Cley relamiéndose.

Cley, aunque todavía con curiosidad no pudo evitar reírse.

Ignorando lo ocurrido volvió a introducir otra vez la cuchara en el bote para volver a intentar untar la mantequilla.

Pero el proceso se repitió, esta se había quedado en el aire de nuevo.

Cley miró hacia arriba por si era algo en el techo y, sorprendentemente, la bola de mermelada siguió su mirada y ascendió hacia el techo, éste cerró los ojos y la mermelada cayó de golpe en la tostada salpicando a todo lo cercano, incluido a Watson que continuaba lamiéndose.

Cley no lo podía creer, era él, ¡Era él!

Dejando aparte la mermelada y las tostadas acercó su taza de té al borde de la mesa e intentando controlarlo separó la silla de la mesa, dejó al hurón en el suelo, el cual se volvió a subir a la mesa, y mirando fijamente a la taza la señalo con gran ímpetu con los dedos de la mano colocados como si de Spiderman se tratase. No pasó nada.

El hurón soltó un sonidito algo parecido a una risa, y se tumbó en la mesa a mirar con curiosidad.

Cley, avergonzado de que incluso su hurón se riese de él se acercó a la mesa de nuevo, y tras pensar un rato. Señaló con su dedo a la taza de té, y comenzó a elevarlo sobre la taza, a su vez un fino hilo de té también comenzó a elevarse a la vez que su dedo, y finalizó de salir té a los treinta centímetros o así de hilo.

Cley con el dedo todavía señalando a la punta del hilo de té, comenzó a moverlo por todos lados, haciendo virguerías y todo tipo de extrañas formas. Tras un rato así lo introdujo lentamente en la boca de su hurón que había estado intentando comérselo. Y, con gran sorpresa, sonrió.

El día anterior había estado en el parque.

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5 Responses to “Literatura nº15”


  1. 1 Dani febrero 14, 2010 en 7:32 pm

    Y lo que mande yo xk no lo abeis puesto

  2. 2 Dani febrero 14, 2010 en 7:33 pm

    ¿? (k se me an olvidado XD)

  3. 3 Edu febrero 14, 2010 en 8:37 pm

    Pff diseló a la Mary vaya una subordinada vaga que tengo xD

  4. 4 vozdemiguel febrero 15, 2010 en 9:07 pm

    Me encantan los comentarios sobre el apartado xD
    no le echeis la culpa a la pobre, k esto lo subi yo porque como no se habia subido nada de literatura lo subi lo mio directamente, se lo dije a maria (lo subi el dia siguiente de la publicacion)

  5. 5 Felipe febrero 15, 2010 en 9:08 pm

    Soy yo el de antes xD


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