Felipe Ramírez

Capítulo 1: El comienzo.

Hola, quienquiera que seas. Buenas tardes, o noches, o ambas, o cualquiera que sea la hora a la que estás leyendo esto. Mi nombre es Cley Fyfe. Vivo a las afueras de Madrid, porque para ser sincero, la vida en la ciudad no es que me sea….digamos, grata. No me considero un hombre demasiado joven, aunque tampoco se podría decir que viejo, me voy acercando a los treinta cada vez más, y respecto a mi aspecto actual, ¿Para qué ser modesto?, soy bastante apuesto. Ojos negros, cabello rubio, esbelto, metro noventa, iba al gimnasio, ¿Qué más se puede decir? Aunque claro, me acabo de dar cuenta, probablemente estarás intentando averiguar por qué me llamo así, o por qué tengo ojos azules y cabello rubio ¿verdad? Pues aquí está la solución: mi madre era española sí, pero mi padre era nativo anglosajón, yo nací en Londres y aunque iba cada verano desde los dos años, vivía aquí, en Madrid.

En cuanto a por qué no me gusta vivir en las grandes ciudades, hay una explicación perfectamente racional; cuando yo era más pequeño toda mi familia y yo íbamos por las calles principales de Madrid visitando tiendas y demás, digamos que lo normal que hace una familia un domingo soleado, bueno, iré al grano, cuando estábamos cruzando la calle, dios sabe por qué, ocurrió: un camión avanzaba, mi padre se había adelantado por qué había visto algo que le gustaba, y yo iba con él en sus brazos, pero… mis abuelos y mi madre que estaban cruzando la calle en ese momento sin darse cuenta del semáforo al ir hablando, y bueno…os lo podéis imaginar.

Ahora que ya sabéis bastantes cosas sobre mí os contaré mi situación actual:

Como dije, vivo en mi casa a las afueras de Madrid, y por tanto ahora mismo me encuentro allí. Estoy tirado en el sofá, despanzurrado, casi sin ropa -vivo solo ¿por qué cohibirse? – y viendo la tele. Ahora mismo están poniendo uno de esos sosos programas del corazón que odio, pero estoy demasiado vago como para levantarme a cambiar el canal o buscar el mando entre las montañas de comida podrida de hace unos días y de ropa sucia de la habitación.

El timbre sonó. Qué remedio, tendré que levantarme.

Una vez en la puerta ya pregunté:

-¿Sí, quién es?

-¿Pero quién quieres que sea? ¡Ábreme!

Ganas no tengo de abrir, pero no se puede hacer otra cosa, así que ala, dejaré la puerta abierta y me tirare al sofá otra vez.

-Hijo, te pasas así las horas muertas… ¿No crees que sería buena idea empezar a buscar trabajo o algo de provecho que hacer?

-¿La verdad? No.

Ya está este hombre como siempre intentando cambiarme, me limitare a intentar echarlo…

-¿A qué has venido?

-¿Cómo que a que he venido? ¡¿Es que no puede ahora un padre acercarse a la casa de su hijo?!

-Como poder puedes…

-Te podrías al menos vestir ya que he venido, ¿No crees?

-No, no lo creo, no creo que te vayas a asustar por nada. Déjame ver la tele.

-A ver si lo adivino… ¿no encuentras el mando? Te dan asco esos programas desde que naciste,  te measte encima de la tele cuando estaba este preciso programa… ¡Esto es repugnante!- lo ha dicho con tanto énfasis que me he tenido que girar a ver por qué lo decía, con tanta sorpresa había encontrado mi mascota y la sostenía con la mano izquierda desde el pellejo- ¡Pobre Watson! ¡Como lo tratas así! ¡Te lo regalo tu abuela! ¡Poor ferret! ¿Don’t you feel pathetic? At least you could take care of him, ¿don’t you think so?

Por fin se había dignado a hablar en su idioma natal, me estaba poniendo nervioso con su ridículo acento español, nunca lo aguante.

-No, la verdad es que no, le quiero mucho pero se vale muy bien por sí solo.

-Mira, recoge un poco y ya volveré mañana, ¿De acuerdo? Y de verdad te lo digo, vístete un poco por dios.

-Adiós.

Por fin salió por la puerta, dios mío, cada vez lo aguanto menos…

Watson se acercó y escalo por el sofá para tumbarse a mi lado, traía en la boca una bola de papel albar, le encanta que se lo tire para traérmelo, a veces pienso que se cree un perro.

Después de cinco minutos jugando con él decidí salir un rato. Me vestí finalmente, me puse las gafas de sol, me tape bien la mancha con la camiseta, me coloque la chaqueta y metí a Watson en uno de mis bolsillos. Salimos por la puerta y echamos a andar juntos. Creo que no lo había dicho pero Watson llevaba perdido tres días entre montañas de comida basura podrida y ropa mohosa ya de la suciedad, y el pobre no había tenido ocasión de respirar aire fresco así que lo saqué del bolsillo y ahora se encuentra corriendo por ahí, asustando a la gente probablemente, lo único que espero es que no muerda a nadie que le asuste.

Bueno, creo que es hora de que continúe mi historia: todo esto que ahora mismo estoy contando paso hace tres meses cuando todavía me encontraba en España. Esta pequeña anotación la creí conveniente decir porque llevo sin escribir una historieta -y mucho menos algo más largo- desde que iba a primaria, y lo más posible es que mezcle los tiempos, contando también con que llevo dos meses y medio fuera de España, y conservar los acentos nunca fue uno de mis fuertes.

Concretando, a lo que iba, esto que estoy escribiendo, no es ni mucho menos un diario. Confío en que eso este claro, porque odio los diarios. Considerémoslo…información privilegiada ¿de acuerdo?

Una vez dejado esto claro iré al grano, y es que hace unos días comenzaron a pasar cosas raras a mí alrededor. Curioso ¿verdad? Desde entonces hasta yo mismo he notado mis propios cambios de humor; soy más arisco, antipático, encerrado en mi mismo, y no me gusta ser así aunque lo soy sin darme siquiera cuenta. Watson a veces siente incluso miedo.

Respecto a lo que decía de las ‘’cosas raras’’, no fueron precisamente una sorpresa -hoy en día uno no sabe ya lo que es realidad y lo que es mentira con tanta tecnología-, incluso me alegraron, pero la verdad… no se parece en nada a como lo había imaginado, incluso las evito. Algo así no es algo con lo que se pueda jugar, ni tampoco como en las películas, quizás es eso lo que me preocupa y lo que me pone en este estado tan antipático.

Y está creciendo.

Por: Aitor Izquierdo

Enorme tempestad que no me deja respirar

me asfixia me envenena y no puedo resistir ni aguantar un segundo más

y entonces me succiona,

y me veo solo e impotente en el vórtice de tan brutal dolor que desearía no poder sentir, desearía ser capaz de dejarme arrastrar por la corriente, por esa mar embravecida llena de sangre y lágrimas, sudor y angustia que gira y gira y guía la vida de tantos otros, pero que no alcanza si quiera a mecerme con sus olas.

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2 Responses to “Literatura nº13”


  1. 1 Violeta Menéndez enero 18, 2010 en 3:09 pm

    Ánimo, Felipe, sigue puliendo tu estilo.
    Caramba con Aitor, y eso que es un asesino de lenguas minoritarias (jeje) y la sensibilidad que manifiesta… ¿Bécquer es el modelo?

  2. 2 dani enero 30, 2010 en 12:22 am

    Aitor serenate!!!jj


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